El año pasado fue duro y complicado, emocionalmente hablando y en esta serie de textos me gustaría compartirlo, empezando por uno de los golpes más fuertes del año pasado: la resolución en el proceso de adopción.
En abril de 2023, mi esposo y yo empezamos el proceso para adoptar legalmente a una infancia en el DIF de nuestro estado, empezamos yendo a una serie de charlas sobre qué significa adoptar, por qué hacerlo, qué esperar de las infancias y adolescencias al cuidado del Estado y cómo funciona la mente de un niño tras eventos traumáticos.
Decidimos seguir adelante. Comenzamos todo el papeleo: estudios médicos exhaustivos, cartas de recomendación personales y laborales, certificado médico, papeles legales, historia de vida individual y de pareja, comprobantes de ingreso, por qué queríamos adoptar y explicar cómo lo habían tomado nuestras familias.
Suspira
Lo agridulce de nuestro círculo cercano
Cómo lo habían tomado nuestras familias… honestamente, lo tomaron mal. Salvo mi papá y mis cuñados que se alegraron genuinamente; los demás, por su lenguaje corporal y un poquito verbal, no estaban muy de acuerdo con la decisión, pero dijeron que nos apoyarían. Eso fue un golpe duro. Muy duro, si hablo con la verdad.
Por otro lado, platicar esta decisión a nuestros amigos más cercanos y ver sus reacciones fue algo hermoso y reconfortante. Reaccionaron con alegría, lágrimas en los ojos y, hasta de muy muy lejos, enviaron cartas con los mejores deseos.
Era esperanzador y agradable pensar en que íbamos por buen camino con esta decisión.
Parte del proceso de adopción: cursos, aprendizaje y entrevistas
Luego de entregar la carpeta inmensa con todos los papeles legales y anexos, nos dieron cita para un par de reuniones que duraban entre dos o tres días. La primera cita fue para realizar pruebas psicológicas y psicométricas, las cuales se realizaban de acuerdo a tu edad y grado de estudios. Fueron tres días, creo.
En la segunda cita nos dividieron entre los que éramos familias sin hijos y familias con hijos. Fueron tres días de trabajo sobre qué expectativas tener de los niños o adolescentes, las realidades de la adopción, ejercicios muy llegadores, siguientes pasos y demás.
En noviembre, nos visitó la trabajadora social, revisó la casa y nos hizo comentarios sobre mejoras en cuanto a seguridad, igual nos preguntó si, en caso de requerirlo, estaríamos abiertos a disminuir el número de gatos en casa (tenemos 5) y respondimos que no. Esos gatos son mi mundo y aquí está su familia.
Igual ese mes fueron nuestras entrevistas con la psicóloga, fueron dos: una individual y una de pareja. En cada una, nos dieron esperanzas. Nos decían que el 70% de las solicitudes se iban a banca y debían tomar terapia o trabajar en algún aspecto específico por «x» tiempo y se evaluaba el avance. Eso fue antes del 20 de noviembre.
La respuesta
Cuando nos citaron en enero de 2024 para dar la resolución, la fecha era del 25 de noviembre. La psicóloga nos dijo que en esos días el «comité» estaba saturado y no iba a poder revisar nuestro caso hasta quizá diciembre o enero. Mentira.
Ese viernes de enero nos citaron a las 12pm y nos tuvieron esperando poco más o menos de una hora. Cuando nos hicieron pasar nos recibió la trabajadora social, la coordinadora del área de adopciones y la psicóloga. El veredicto era PROCESO DENEGADO.
Salimos con el corazón destrozado e iba a ser más doloroso tener que escribir mensajes de que nos habían rechazado.
El enfado fue grande
Tras llegar a casa, me quedé llorando un rato y me puse a leer la resolución. El esposo subió a resolver unas cosas del trabajo y cuando escuchó mi «¡jaaaa!», bajó enseguida.
Le expliqué que una de las grandes razones por las que nos rechazaron fue por no tener una red de apoyo sólida en el estado donde vivimos, ya que nuestras familias nucleares están en Ciudad de México. Eso nos descartó, pero jamás hablaron con nuestros amigos y vecinos, personas que serían una red de apoyo aquí y con quienes convivimos más.
Otra de las razones, que me hizo sentir mal, fue que expresaban que por mi diagnóstico de depresión era un peligro para mí, para mi esposo y para mis futuros hijos porque podría experimentar un cuadro de depresión alto.
Igual que llevaba mucho tiempo en tratamiento con medicación, lo que no veían como algo saludable. Mi psiquiatra les envió una carta explicando mi diagnóstico e historial. Tampoco le llamaron.
Realmente, si nos hubieran dicho desde el día 1 que no íbamos a avanzar a ningún lado porque no teníamos familiares aquí, les juro que no seguíamos con el proceso. Igual no nos dijeron nada, seguimos y aprendimos muchas otras cosas que nos fueron de utilidad.
Nos quedamos con lo bueno
Después de lo cansado que fue el proceso de adopción, tuvimos que quedarnos con lo bueno. Yo, como buena ñoña que soy, me quedé con la bibliografía valiosísima sobre maternidad, paternidad y neurociencia de niños, niñas y adolescentes con trauma.
Por primera vez como pareja, fuimos a terapia y pudimos atender cosas que traíamos en el tintero, lo cual fue enriquecedor y nos ha permitido ser mejores.
Y creemos que esta experiencia, aunque muy agotadora, deberían tomarla todos los que desean ser padres o madres porque aprendes mucho sobre expectativas propias en cuanto a hijos, el neurodesarrollo y cómo ser una mejor persona antes de traer un ser vivo al mundo.
Por último, pudo ser muy fácil mentir sobre mi depresión, nuestras familias o historias de vida, pero quisimos hacerlo bien. Jamás voy a mentir sobre mi salud mental porque estoy orgullosa de estar aquí, viva, ayudando a otras personas cuando lo necesitan.
¿Lo vamos a volver a intentar? La respuesta es NO. Punto.
Si llegaste hasta aquí me gustaría leerte en comentarios. Nos leemos próximamente.
Simplemente puedo decir que el convertirse en padres de verdad es una gran decisión. Y me da mucho saber que a parte de cumplir ese sueño en pareja, otra meta era brindarle un hogar a alguien a quien le fue negado desde un inicio.
Como experiencia personal, quiero compartir que yo tuve «depresión post-parto»; aunque tenía o tengo una red de apoyo, aún así yo me sentí sola e incomprendida. De verdad son muchos cambios, tanto físicos como psicológico y hasta la fecha, sigo trabajando en ello.
Les mando un fuerte abrazo.
Ay, qué complicados son los procesos del DIF, y qué feo que no se tomen el tiempo de hacer verdaderas indagaciones y de leer bien las historias de quienes se postulan para la adopción. Qué chido que ustedes quisieron hacerlo todo desde la honestidad y el amor.
Quisimos hacerlo por «las buenas» y ser lo más honestos posibles en este proceso. No resultó como esperábamos, pero ganamos también otras cosas de manera personal, familiar y de pareja.